Masaje perineal por otra persona

Masaje perineal por otra persona

Aceite de masaje perineal

Las investigaciones demuestran que el masaje perineal en el tercer trimestre puede reducir las probabilidades de sufrir un traumatismo perineal (Abdelhakim et al, 2020). Además, la mayoría de las futuras mamás que probaron el masaje perineal se sintieron cómodas y positivas con su experiencia. Dijeron que volverían a hacerlo en otro embarazo y que lo recomendarían a otras (Labrecque et al, 2001).

El masaje perineal no debería doler, aunque es posible que sientas presión en las primeras semanas de empezar, que debería aliviarse. Evita el masaje perineal si tienes herpes vaginal, aftas o una infección vaginal (Oxford University NHS Trust, 2014).

El masaje perineal no debería ser doloroso, aunque puede haber alguna molestia al principio. Si te preocupa algún dolor, o necesitas más información o apoyo con el masaje perineal, habla con tu matrona o médico de cabecera.

Abdelhakim, A.M., Eldesouky, E., Elmagd, I.A. et al. Beneficios del masaje perineal prenatal en la reducción del traumatismo perineal y la morbilidad posparto: una revisión sistemática y un metaanálisis de ensayos controlados aleatorios.  Int Urogynecol J 31, 1735-1745 (2020). https://doi.org/10.1007/s00192-020-04302-8 

El masaje perineal duele

¿Qué es y dónde está el perineo? El perineo es la pequeña zona de piel firme y tejido muscular situada entre la vagina y el ano. El perineo desempeña un papel importante en la salud de la mujer. Este tejido muscular se conecta con los músculos del suelo pélvico, ofreciendo soporte a los órganos pélvicos. En el embarazo trabaja con mayor intensidad debido al peso adicional que soporta. El desgarro del periné durante el parto puede debilitar este soporte, haciendo más probables los problemas posteriores del suelo pélvico o el prolapso del útero.¿Qué es el masaje perineal? El masaje perineal es una técnica que, al favorecer el flujo sanguíneo en la zona, aumenta la elasticidad del periné para el parto. Algunas mujeres prefieren masajearse ellas mismas el perineo, pero a otras les resulta útil pedir ayuda a su pareja. El masaje ayuda a aumentar la capacidad del periné para estirarse más fácilmente y con menos dolor durante el parto.¿Por qué debo masajear mi periné?  Esta zona es elástica por naturaleza -si no, no podríamos dar a luz a nuestros bebés-, pero también puede desgarrarse durante el parto, especialmente si éste es rápido. Masajear el perineo ayuda a relajar la matriz celular y a mantener los tejidos conectivos flexibles y elásticos, nuestra mejor defensa contra los desgarros. Se ha demostrado que el masaje perineal regular mejora la elasticidad de la piel y reduce el traumatismo perineal. Los estudios (véase la nota a pie de página) que examinan los efectos de

El masaje perineal no llega

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Cuando la gente piensa en una episiotomía durante el parto, rara vez piensa en algo más allá de lo que el médico o la comadrona pueden hacer para evitarla. Aunque hay formas de que usted y su proveedor ayuden a minimizar la probabilidad de desgarros graves o episiotomía durante el parto, las medidas preventivas pueden comenzar durante el embarazo con el masaje perineal prenatal.

Para facilitar el parto vaginal, se puede realizar una incisión en el perineo de la embarazada, la piel situada entre la vagina y el recto. El procedimiento quirúrgico, conocido como episiotomía, tiene sus riesgos, por lo que sólo se realiza en circunstancias muy concretas.

Masaje perineal ¿cuándo empezar?

Mi prima -madre de dos hijos- apartó a mi mujer Sam en una reunión familiar cuando yo estaba embarazada de unas 20 semanas. «Tienes que hacer el masaje perineal», le dijo a Sam, insistiendo en que era vital durante las últimas semanas de mi embarazo. Ella y su marido lo probaron antes de dar a luz a su segundo hijo y cree que eso evitó que le hicieran una episiotomía. «Confía en mí», dijo mi prima, «no te desgarrarás».

El masaje perineal está pensado para ayudar a relajar los músculos del suelo pélvico, así como para estirar la zona entre la vagina y el ano, con la esperanza de evitar posibles desgarros durante el parto. Antes de quedarme embarazada sabía dos cosas: No quería saber el sexo de nuestro bebé y quería dar a luz por vía vaginal. Pensaba evitar por completo la epidural. Pensaba que, con un puñado de cirugías a mis espaldas, necesitaba experimentar el dolor a mi manera. Quería tener la opción de ponerme de pie y caminar, dar a luz en una bañera o incluso ponerme a cuatro patas. Sabía que la epidural me mantendría confinada en la cama. Con esta lógica, en la semana 36, Sam y yo empezamos a darnos masajes. «¿Por qué no?», dijimos. «No puede doler».